Los altares
 

 

 

 EL ALTAR DEL NAZARENO

 
            Precisamente la primera noticia que tenemos sobre nuestra Cofradía, en 1616   se refiere a la compra del antiguo altar de Santa Ana  en el Convento de la Consolación, aunque dicha venta fuese simbólica pues se ejecutó a cambio de 4 cahices de cal, valor claramente insuficiente para una capilla.
 
            Igualmente, en 1682, cuando los mínimos se trasladan al nuevo convento de la Victoria en la Plaza de la Cruz, la Cofradía hizo lo propio llevándose también su retablo.
 
           Pero los datos mas interesantes si caben los encontramos en acta del 4 de Marzo de 1866, fecha en que la Junta acuerda “que el altar y retablo de ntra Sra. Sta Ana que se encuentra deteriorado en el cuerpo pral de la Iglesia de la Victoria, se renueve y traslade a la capilla de Ntro stmo. Padre Jesús Nazareno en la propia  Iglesia en sustitución del de la misma Santa que casi inutilizado se halla en la misma, mediante el permiso qe el Sor, Arcipreste Presidte. se ha servido dar en este acto, cuyo costo se satisfaga de los fondos de esta Hermandad.”  De lo que podemos deducir tanto que los frailes se trajeron a la Victoria el retablo que le hicieron a esta Santa en la Capilla de San Antonio como, según hemos mencionado anteriormente, la Cofradía no estaba usando el antiguo altar  para poner el Nazareno ya que de haber sido así el cambio ahora acordado se hubiera producido por el altar del Nazareno y no por el de la misma Santa.

 
            Con todo, mucho nos tememos que todo fueran medidas de parcheo de un altar ya muy deteriorado porque con posterioridad debieron acometerse nuevas restauraciones tanto en 1874 y en 1881 como en los momentos previos a la reapertura de la Iglesia tras su rehabilitación integral en 1911, trabajos que debieron reproducirse en 1925 y 1931 sin que ello significase el arreglo definitivo, siendo así como en 1951, ante el estado de deterioro generalizado del altar, el nuevo hermano mayor, Francisco Puelles Espinosa de los Monteros, consiguiese por fin el proyecto tan largamente acariciado por la cofradía de traerse hasta la Victoria un altar del extinguido convento de Santo Domingo, trabajos que se llevarían a cabo por el prestigioso carpintero local José Rosado que no sólo adaptaría el antiguo altar de Santo Domingo a las características de la capilla del Nazareno en la Victoria sino que también incorporaría al retablo partes del viejo altar y las insignias propias de la cofradía nazarena.
 
            Desde dicho momento el altar no volverá a sufrir modificación alguna, excepción hecha de las obras de adecentamiento llevadas a cabo en 2003  que consistieron en la colocación de una solería y el resanado de la pared de la hornacina de Jesús Nazareno así como en la sustitución de algunas tablas de la mesa de altar que se hallaban muy deterioradas. 
          Desde Septiembre de 2008 las imágenes se han intercambiado de altares.
 


EL ALTAR DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES
 
            Como hemos expuesto más arriba, tanto el primer  como el segundo  altar con que contó nuestra Virgen cotitular en la Iglesia de la Victoria debieron de ser los construidos inicialmente para Santa Ana, sin embargo el que ocupa actualmente nos consta que no es ninguno de ellos. Ante ello cabe preguntarse cuando se coloca este altar y de donde procede, tarea para la que nos serviremos de dos documentos de 1919 uno fotográfico y otro escrito. Así, conocemos fotografía del interior de la Iglesia de la Victoria realizada en dicho año y publicada al siguiente en la que se observa que el altar que la Virgen ocupaba en dicho año es el mismo que tiene actualmente, como se remarca en el documento escrito denominado “Los Siete Elencos”.

           Si observamos detenidamente dicho altar nos podemos dar cuenta de varios detalles que nos apuntan su origen. Así, percibiremos que en la parte superior del mismo existe una gran cruz y que en la inferior nos encontramos con la mayor parte de los elementos identificativos de la pasión de Cristo: clavos, sudario, martillo (ha perdido la tenaza), elementos todos ellos que indican que dicho altar pertenecía a una Cofradía de la Vera Cruz y, ante ello, no podemos menos que recordar que en la misma plaza Alameda y desde el siglo XVI existía una capilla a la que indistintamente se le llama de la Soledad o de la Vera Cruz. Iglesia en la que tenemos documentada la existencia de un altar de similares características al que nos ocupa y que fue realizado por el genial tallista jerezano Andrés Benítez según reconoce el propio autor en escrito dirigido al consistorio jerezano y se recoge en el libro capitular del año 1771 del referido ayuntamiento. Recientemente el investigador arcense Manuel Pérez Regordán, autor de un importante estudio sobre la  obra de este retablista, confirmaba que el altar que nos ocupa es sin duda obra de Andrés Benitez.
  

   Altar de la Virgen de los Dolores, que 
desde Septiembre de 2008 ocupa el Nazareno
 

  Durante el largo período en que la Victoria estuvo en estado ruinoso, nuestra Cofradía cambió su sede hasta la Soledad, templo que en aquel momento de fines del XIX tenía escaso culto máxime cuando las imágenes existentes en la misma habían pasado a la Parroquia a partir de la construcción de dos nuevas capillas en la década de los años 60 del siglo XIX, aún más durante los años en que la Soledad realizó en la zona baja del pueblo las funciones de auxiliar de Parroquia que tradicionalmente había desarrollado la Victoria, dicha Iglesia no presentaba un estado mucho mejor que la Iglesia que se pretendía restaurar, siendo así como el Obispo decidió que a fin de hacer frente a los gastos de restauración de la Victoria se procediese a enajenar la iglesia de la Veracruz, para lo que se instruyó el oportuno expediente de execración o cierre al culto como paso previo para su venta, siendo entonces cuando se decidió que dicho altar pasase a la Victoria de modo que, en los prolegómenos de la reapertura al culto de dicho templo al que ahora rebautizarían como Iglesia de San Francisco de Paula, a finales de 1911  sería trasladado al mismo en el contexto general de los gastos de la obra.
 
 
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