Nazareno
 



 

      En el caso del Nazareno de Alcalá nos encontramos con una representación del Redentor llevando la cruz a cuestas sobre el hombro izquierdo. Las manos agarran con fuerza la cruz que sin embargo hace que con su peso el cuerpo del nazareno aparezca ligeramente encorvado, avanzado con firmeza y adelantando la pierna izquierda con una gran zancada, mientras la pierna izquierda permanece en retroceso aunque con una actitud reposada. Jesús se nos aparece como un hombre de mediana edad, de fuerte complexión y canon esbelto, agobiado por el peso de la cruz y ofreciéndonos una expresión a la vez de fortaleza y de resignación, consiguiéndose una gran fuerza dramática. 
                                                                        
 

      
 
Es una imagen de vestir, con cuerpo anatomizado realizado durante su última restauración y las partes visibles en madera de cedro. La cabeza aparece con un doble giro, fuertemente inclinada hacia delante y levemente inclinada hacia la derecha, siendo en general todos los rasgos bastante acusados. La frente es amplia y despejada. La melena se resuelve en grandes mechones de finos estriados y partida en dos por una fina raya central. El cabello se vuelve hacia atrás a ambos lados de la cabeza, ocultando totalmente la oreja derecha y dejando ver parcialmente la izquierda, tapada por un grueso mechón que le cae por delante de esta. El bigote aparece partido en dos pudiéndose ver ampliamente el espacio nasolabial. Tanto el bigote como la barba están resueltos a base de finas estrías verticales trabajadas con minuciosidad. La barba parte de muy arriba y es abundante pero no muy alargada, siendo levemente bífida. La barbilla queda sin embargo a la vista ya que el mechón que arranca del labio inferior se parte en dos hacia ambos lados de la misma que se nos aparece prominente.
 
La nariz es prácticamente recta, el entrecejo ligeramente fruncido, las cejas aparecen arqueadas levemente. Los ojos están casi cerrados, con los globos oculares abultados, la mirada es baja dando la impresión de perdida. Los pómulos aparecen levemente hinchados mientras las mejillas quedan algo hundidas. La boca aparece entreabierta, el labio inferior es carnoso mientras el superior es más pequeño y aparece en forma de V.
 
En cuanto al cuello, este acusa el efecto del doble giro de la cabeza y, por tanto, los músculos y tendones aparecen fuertemente marcados por la tensión. Las manos están trabajadas con gran virtuosismo, apareciendo claramente marcados tendones y venas, denotando un perfecto conocimiento del natural y reforzando la visión desde distintos puntos de vista. Los dedos son alargados y con los nudillos levemente prominentes. Las uñas son largas y finas. Los pies son anchos y están también trabajados con gran virtuosismo y detalle. Los dedos de los pies son bastante largos, siendo el segundo dedo (el equivalente al índice en la mano) más largo que el primero (el equivalente al pulgar). Por lo que se refiere a la policromía, esta ha sido realizada al óleo con técnica a pulimento, ofreciendo una tez morena, con tonos rosáceos y claros.
 

En referencia a la cronología de la escultura, decir que no tenemos datos fehacientes de cuándo se pudo hacer la imagen. Sabemos que la cofradía se funda a principios del siglo XVII, pero la talla responde claramente a los modelos de Montes de Oca, escultor activo en la primera mitad del siglo XVIII. Al respecto parece ser que fueron José Luis Ruiz Nieto y Alfonso Berraquero quienes primero formularon esta atribución durante la restauración que le hizo el segundo de ellos hace unos años, atribución que luego confirmó González Isidoro (la imagen estaba tradicionalmente atribuida a Montañés). Con posterioridad la atribución la encontramos publicada por primera vez en un trabajo de Sánchez Peña sobre la imaginería de cristífera de Montes de Oca. Sin embargo, se ha argumentado la fecha de ejecución de hacia 1730 basándose en la posible estancia de Montes de Oca en Cádiz en esos años, hecho que como hemos podido comentar no está nada claro en estos momentos. Tampoco tenemos ningún dato interesante de la cofradía que nos permita poder establecer una cronología fiable. Sabemos que la hermandad se traslada a su actual ubicación a finales del XVII en fecha anterior al período activo del escultor. Luego sabemos que la iglesia de la Victoria sufre importantes reformas en la década de 1730-40. Quizás dentro de estas reformas pudo estar la adquisición de una nueva imagen del titular aunque no tenemos datos para corroborarlo y debemos mantener este dato en cuarentena. A la vista de los nuevos estudios biográficos sobre este escultor creemos que es más prudente no establecer una cronología cerrada a la espera de nuevos descubrimientos al respecto, máxime cuando este escultor, al contrario que otros, mantiene una línea estilística bastante constante que ha permitido identificar un buen número de obras por afinidades con imágenes documentadas. 
 
 Desde que José Montes de Oca realizara la magnífica talla del Nazareno y hasta nuestros días dicha imagen ha sido sometida, que sepamos, a cuatro restauraciones para subsanar tanto los estragos del tiempo como los de la mano del hombre.

     1.- 1859: José Luis Ramos. 
     
          La primera restauración de la que tenemos constancia es la acordada, conjuntamente con las de las imágenes de San Juan y la Verónica, el día 22 de Agosto de 1859, y estaría originada tanto por el mal estado de todas ellas como por aprovechar la presencia en la población de un escultor llamado José Luís Ramos del que, dicho sea de paso, no hemos podido averiguar dato alguno. Aunque también es reseñable que las restauraciones debieron ser bastantes superficiales pues ni se empleó mucho tiempo ni supusieron un desembolso importante, pues el importe de las tres restauraciones sólo ascendió a 480 reales 

     2.- 1943: Autor de la restauración desconocido. 
     
          Casi un siglo más tarde; concretamente 84 años después, en las cuentas de 1943 nos encontramos una partida de 175 pesetas en concepto de pago por la restauración de la imagen de Jesús Nazareno sin que se cite ni el alcance de los trabajos ni el autor de los mismos, aunque podemos conjeturar que, a tenor de lo exiguo del importe pagado, más que una restauración los trabajos debieron consistir en un pequeño retoque al tiempo que, por la coincidencia de fecha con la restauración del Cristo del Perdón, pensamos que su autor bien pudiera ser el mismo de aquel, es decir, Miguel Lainez Capote.

     3.- 1985: Alfonso Barraquero García. 
     
          Tras la reorganización de la Cofradía en 1980 uno de los objetivos prioritarios de la Junta de Gobierno era la restauración de la imagen del Cristo ante su mal estado, aunque dichos trabajos no se pudieron asumir hasta 1985  en que se encomendaron al escultor de la Isla de San Fernando, Alfonso Berraquero García quién entendía que el cristo bebía colocarse en una actitud equilibrada, siendo necesario que para ello se le colocasen las piernas en una posición normal, se le restaurasen los pies, se le sustituyese el cuerpo de candelero, de madera y hierro, por otro de escultura con los brazos articulados y que la cabeza de la imagen se sometiese a un proceso de limpiado que permitiese recuperar la policromía primigenia. 

          Conjunto de trabajos que no fueron bien aceptados por la población y, consiguientemente, no estuvieron exentos de polémica, fundamentalmente motivados por el cambio de la postura original de la imagen ya que de resultas de ellos quedó un Cristo totalmente erguido muy distinto del primitivo Nazareno encorvado por el peso de la cruz, tanto es así que en 1997 la Junta se vería nuevamente obligada a someter a la talla a una nueva restauración que más que corregir desperfectos técnicos lo que pretendía era devolver a la imagen su postura primitiva.

     4.- 1997: Ricardo Llamas León y Miguel Ángel Pérez Fernández. 
     
          Con todo, es de reseñar que aún cuando dicha restauración se llevaría a efecto en 1997, la misma respondía a una decisión adoptada en Cabildo General ordinario celebrado casi un año antes, el 9 de Junio de 1996, en el que se decidió además que los trabajos se realizasen por el prestigioso equipo de restauradores constituido por Ricardo Llamas León y Miguel Angel Pérez Fernández, siendo de reseñar que el primero de ellos había sido Vice Hermano Mayor de nuestra Cofradía en el momento de la reorganización y el segundo era un reconocido escultor sevillano.  Así pues, ambos escultores serían los artífices de la más importante intervención a que se ha sometido nuestra imagen hasta hoy, realizando nuevo cuerpo anatomizado, devolviendo la imagen a su posición original, mucho más encorvada y eliminando repintes.


 
 
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